
El marketing de contenidos puede ser una excelente
oportunidad para hablar y conversar con nuestra audiencia sobre temas que le
interesan, darle consejos, sacarle una sonrisa… Y esto es perfectamente
compatible dentro del marco de nuestro producto. ¿Que vendemos hornos? Pues
consejos para limpiarlo. ¿Que tenemos una tienda de plantas? Pues una selección
de macetas chulísimas.
En fin, las posibilidades de ofrecer contenido de calidad e
interesante tanto para el público objetivo como para la empresa son
innumerables. Pero a menudo descubrimos empresas que, erróneamente, creen que
hay que estar porque sí y bajo esa premisa ponen en marcha su blog corporativo
o crean sus perfiles en redes sociales.
¿Qué sucede entonces? Sin estrategia alguna y sin comprender
los mecanismos de comunicación que están tras estas herramientas, nos
encontramos con el “yo he venido a hablar de mi libro”. O el “cómprame a mi”. O el “ven a mi tienda”.
O el “somos los mejores”. ¿Por qué? Pues porque sí. Porque lo digo yo.
El esfuerzo en la estrategia de marketing de contenidos es
grande. Requiere tiempo, dosis de creatividad, ser capaces de escribir de forma
amena y a veces persuasiva, continuidad… No, no es una tarea fácil. Necesita
organización, planificación, trabajar con calendarios…
También implica comprender que la empresa o el profesional no
está ahí para contar “su libro” sin escuchar. Porque el marketing de contenidos
significa escuchar. Interactuar. Ser constante.
Creo que sirve de poco tener un perfil en Facebook o en
Twitter sólo para decir continuamente “cómprame a mí”. No digamos ya todo un
blog. Pienso que se pueden alternar temas de interés del sector con información
y consejos prácticos sobre los productos o servicios de la empresa, sin caer en
el autobombo excesivo.
¿Qué pensáis del marketing de contenidos? ¿Creéis que está
en declive? ¿Qué se utiliza de forma inadecuada?
La foto la he visto aquí
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